Compendium: (31) Plenilunio.

Aportación de @geliumschatten

Sucesos del 21 de marzo de 2019.

A Julián le brillaron los ojos tras exclamar su resolución.

-Si mi hipótesis es correcta… -rápidamente se asomó a la ventana, buscando algo en las alturas- …atacará esta misma noche.

-¿Cómo sabes eso? -preguntó Claudia.

-Hoy es equinoccio de primavera… y hay luna llena.

Sucesos del 23 de marzo de 2019.

Se halló de nueva cuenta el cuerpo de una embarazada. La escena era idéntica a la que se descubrió durante la Candelaria.

Los contactos que Julián y Claudia tenían en la PGR y en el Ministerio Público les informaron del dantesco descubrimiento a medio camino entre la Parroquia de San Felipe de Jesús y la Iglesia Evangélica Pentecostes, ambos templos próximos al Río de los Remedios.

La desaparecida fue identificada como Viviana Linares, de 29 años. Su ropa y sus pertenencias estaban intactas, al contrario de su carne.

Julián no pudo disimular el horror que aquello le causaba…

Sucesos del 20 de mayo de 2019.

La escena volvía a repetirse.
Se había presentado luna llena el 18 de mayo y, tal como predijo Julián, las víctimas de Li-Tempo 0.01 aparecían al poco tiempo.
Debido a la previa celebración del día de las madres, el asesino volvió a hacer mofa de la imagen materna.

Iban ya 60 víctimas o más atribuidas al mismo malparido.

…Julián todavía no conseguía resolver una cuestión.

-Claudia, ¿qué se sabe de los estudiantes desaparecidos en la plaza comercial?

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Compendium: (30) Recuento de los daños.

Imagen de dominio público: Calendario de Coligny.

Sucesos del 21 de marzo de 2019.

-Van cuarenta y tres asesinatos en menos de nueve meses y dos estudiantes desaparecidos desde el 14 de febrero -comentó una mujer de melena ondulada a su camarada, Julián Elgado- pero sospecho que habrán más muertes.

Claudia Sánchez se hallaba dentro del apartamento de Julián, sentada en el único sillón que permitía vislumbrar el exterior.
Julián poco se ocupaba de cerrar las cortinas, ya que al estar hasta el decimotercer piso -el último de su edificio- en una zona donde no habían construcciones ni viviendas desde las cuales se pudiera espiar lo que al interior del apartamento acontecía, Elgado se sentía seguro de poder observar desde las alturas lo que sucedía en su colonia sin temor a ser vigilado de la misma manera en que él solía escudriñar las acciones de sus vecinos.

-¿Y dices que en todos ellos aparecen los mismos rastros de ADN?

-Sí, Julián.

-Vaya…

Julián tomó un poco de tabaco para su pipa, la cual prendió con ayuda de un encendedor verde que generalmente solía llevar consigo.

-¿Hay algún patrón en estos crímenes, además de las características que me comentas? -cuestionó él.

Claudia pensó en ello durante un par de segundos antes de responder.

Li-Tempo suele escoger fechas concretas y lugares concurridos para revelar a sus víctimas… sólo ataca a féminas de entre 9 y 34 años, ó bien varones de entre 9 y 15 años.

-¿Puedes ser más específica con eso de las fechas?

-Sí, verás… -Claudia sacó una libreta roja donde llevaba apuntes breves sobre cada investigación del caso Li-Tempo– la primera chica, Patricia Romero, desapareció el 3 de junio, y su cuerpo fue hallado el 25 de agosto. Li-Tempo no volvió a atacar sino hasta el 23 de noviembre, dejando el cuerpo de Laura Gómez el 24 de noviembre. Pero la oleada se disparó a partir del 12 de diciembre… siguieron apareciendo cuerpos del 20 de diciembre al 6 de enero de manera ininterrumpida. Siguió otra chica que desapareció el 20 de enero y cuyos restos fueron hallados a la mañana siguiente cerca del Campo Marte. Para el 2 de febrero ya eran 33…

-¡Espera un momento! -interrumpió Julián- ¡¿Qué no también se hallaron restos entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre?!

-¿Cómo dices?

-¡Estoy seguro de ello! -exclamó él- La PGR se me adelantó en el caso, pero vi los informes.

-Carajo…

-Nada es coincidencia, Claudia -declaró Elgado- ¿Acaso no te das cuenta?

-Sé más claro, Julián.

Li-Tempo es pagano! -declaró- Actúa acorde al cambio de las estaciones y al ciclo lunar.

Compendium: (29) Procesión.

Imagen de dominio público.

La estatua colosal de la Santa Muerte se erigía cual mensajera de mal agüero en el municipio de Tultitlán, en el Estado de México.
Julián fumó el tabaco de su pipa sin desviar la mirada del ídolo que tenía delante de sí.

Las palabras de su amiga, Claudia Sánchez, resonaban en el interior de su mente cual martillazos de herrero.
La conducta de Li-Tempo sigue evolucionando” decía la voz de Claudia “Ricardo sospecha que hay connotaciones impías en estos crímenes“.

Julián caía en la cuenta de que todo lo que le relataba Claudia acerca de la nueva oleada de feminicidios atrivuidas a Li-Tempo lo había vivido ya dentro de un sueño o una pesadilla.
Los crímenes recientes eran parte de un déjà-vu o un presagio tanto desagradable como angustiante y… extrañamente placentero, al mismo tiempo.
Nada estimulaba más a Julián que los misterios de la conducta humana.

Hacía ya tiempo que se había distanciado de Claudia debido a los malos entendidos que tuvieron durante la fase final de la investigación que dejó coja a su amiga de infancia.

“Algo no cuadra” pensó Julián después de rascarse su cabello seboso.
Posteriormente fue rellenando su pipa con más tabaco y observó con detenimiento la figura de la Niña Blanca.

-¿Quién diría que Coyolxauhqui recibiría culto en la actualidad? -se cuestionó Julián a sí mismo en voz alta mientras iba despejando su corazón de cualquier temor instintivo.


Tan sólo un día previo al inicio de la Semana Santa, Julián soñó una gran fiesta a las afueras de su alma máter; aunque sería más correcto decir que dicho festejo era en realidad una procesión en la cual el fuego de miles de antorchas anunciaban el advenimiento de algún evento cósmico trascendental.

Dentro de ese sueño, Julián visualizó a una bella chica de larga cabellera obscura y tez morena. Los ojos grandes y relucientes de la muchacha cautivaron la atención de un rejuvenecido y esbelto Julián.
Ambos bailaron y disfrutaron del ambiente generado por la luz de las antorchas, que entremezclaban religiosidad y erotismo de la misma manera que los rituales dedicados a Baco.
Ambos permanecieron juntos durante el transcurso de aquel evento, que empezó de madrugada y se prolongó hasta la medianoche del día siguiente.

-¿Te escapas conmigo? -le preguntó la bella jovencita a Julián.

-Desde luego -respondió él sin vacilar.

Quizás todo lucía demasiado fácil en ese sueño. Julián nunca se había considerado a sí mismo un Don Juan, precisamente; sin embargo aquello no importaba dentro de su sueño. Él simplemente se dejó llevar por la emoción del momento.
Fue agarrado de la mano de la chica y se encaminó junto con ella a la estación de metro más cercana a la facultad.
La brevísima aventura comenzó al abordar el primer tren.

El tiempo se ralentizó conforme los vagones pasaron de una locación a otra. Julián y su acompañante vagaron por todos los rincones de la Ciudad de México y echaron un vistazo a un sinfín de sitios interesantes.
También carcajearon e intercambiaron bromas e ingeniosos chistes.

A cada instante se estremecía Julián con la voz de la chica que tenía a su lado. La mirada profunda de la muchacha aunada a su voz de sirena lo mantenían preso dentro de un poderoso encantamiento que le generaba sensaciones extrañas en el estómago, tales como el vuelo de una infinidad de mariposas hechizadas de trasmundo.

…Todo parecía demasiado bueno, demasiado fantasioso.

-¿Eres real? -preguntó Julián a la jovencita, interrumpiendo abruptamente la plática que llevaban alargando desde la fuga de la facultad.
Ella quedó desconcertada por un momento y no ocultó su sorpresa.

“¡Ya lo arruiné todo!” pensó Julián tras percatarse de su error.

No obstante, ella finalmente endulzó la mirada y se le acercó lentamente a Julián al oído, posando la mano izquierda sobre su nuca.

-Deberías saberlo ya -le susurró ella con voz muy suave… Luego vino el primer beso.

La sensación fue tan sublime como el murmullo de las olas o la brisa del alba, o el cantar de las musas. Una corriente electrizante recorrió el cuerpo de Julián mientras sentía los labios de su inesperada pareja. Saboreó durante unos segundos el néctar dulce y afrodisíaco que brotaba de la lengua de aquella hermosa chica de piel morena y cabellera obscura.

“¿Será ésto cierto?” Siguió preguntándose Julián repetidas veces en su mente mientras el beso se adueñaba de su escéptico corazón. Las dudas fueron perdiendo fuerza en su cabeza hasta diluirse completamente.

Julián quiso ir más allá. Su lívido y las circunstancias le impulsaban a tomar la oportunidad…
… Pero entonces, algo le detuvo.

El metro paró en una estación sombría.

-¿Dónde estamos? -preguntó la joven muchacha al tiempo que se se puso de pie. Julián la siguió de cerca.

El terreno al que acababan de arribar era perturbador.
Ambos se hallaban perdidos en medio de una ciénaga, en la cual estaba a medio construir una cabaña que supuestamente acababa de adquirir la familia de Julián.
El terreno en el que se ubicaba la propiedad era verde y fangoso a causa de recientes lluvias torrenciales que asolaban la capital.

-Este lugar está maldito -comentó la bella chica.

-¿Cómo dices?

-Aquí ocurren desgracias… desde que apareció la Coyolxauhqui.

Julián se sorprendió al oír esas palabras. Al instante su mente recapituló un montón de recuerdos, que incluían las pesadillas que últimamente le atormentaban cada noche, soñando que sus mascotas escapaban de casa y eran atropelladas frente a sus ojos; también recordó las visiones que tenía de cuerpos ahorcados en la sala de su hogar y el precio absurdamente bajo al que había adquirido su familia aquella cabaña a medio construir en medio del terreno pantanoso.
Finalmente, comprendió que efectivamente había una maldición o una entidad en ese lugar.

-Tengo que advertir a mis hermanos -exclamó Julián en su sueño.

Pero una mano gélida le detuvo.
La sangre se le heló a Julián en una fracción de segundo.
Dirigió entonces la mirada hacia atrás, temiendo presenciar una hórrida aparición de las tinieblas.

… Pero no había nada. Tampoco había nadie.

Todo pareció esfumarse en un único parpadeo, a excepción de las ciénagas traicioneras que se extendían hasta el horizonte.

Un temor irracional se fue apoderando del temple de Julián, quien rápidamente iba aumentando su edad hasta aproximarse a la vejez. La sensación de las articulaciones desgastadas le hacían perder la cordura.

-¿Me peinas? -dijo una voz muy dulce y suave al otro lado de un páramo desolado.

Julián observó con atención a la persona que acababa de hablarle.
Era la misma chica con la que había salido aquella noche de procesión. Sin embargo lucía diferente.
Su cabellera había crecido de manera desproporcionada, asemejando la melena encantada de Rapunzel. Los cabellos se entrelazaban armoniosamente. La muchacha iba ataviada con ornamentos de oro y obsidiana, así como con bello plumaje de quetzal.

Del interior de la tierra comenzaban a brotar flores de cempasúchil y rosas silvestres de fragancias sublimes.

-¿Quién eres en verdad? -preguntó Julián a su interlocutora.

-Deberías saberlo ya.

La fémina señaló un estanque a los pies de un robusto sauce, donde yacía un cuerpo descuartizado y sin sangre.

La piel se le erizó a Julián.
La chica morena de cabello obscuro con quien se había fugado en ese sueño se hallaba muerta a los pies del sauce. Su ropa estaba intacta colgando en las ramas del árbol, sin gotear una sola gota de sangre.

“Fue Li-Tempo” concluyó.

Julián apartó la mirada de la escena. Tuvo delante de sí a la Muerte, observándolo de cerca.

Él enmudeció.

-Mi vasallo es imparable -dijo la parca- Y vos ya me habéis besado.

Julián sintió cómo el fuego de mil antorchas le quemaban desde dentro.

Recordó entonces la conversación que tuvo con aquella chica.

Había descubierto que el tío paterno de ella había vendido ese terreno fangoso a su familia.
A los pocos días, sus padres se ahorcaron al interior de la casa que estaban remodelando.

-Fuiste tú -murmuró Julián, dirigiéndose a la Muerte.

Ahora recordaba todo… Aquello no fue una pesadilla, sino el vago recuerdo que alguna vez intentó sepultar en lo profundo de su subconsciente.

Él había salido con una chica el día previo a Semana Santa. Fue con ella hacia el interior de la capital y recorrió junto con ella cuantos lugares románticos o embrujados lograron encontrar.
Al final, él la convenció de acompañarlo a su nueva casa, donde no habría nadie.
Los padres y los hermanos de Julián acababan de salir de viaje… o eso se suponía.

-¿Quién eres en verdad? -preguntó Julián a la Muerte nuevamente.

-Deberías saberlo ya -le respondió- Algunos me llaman Niña Blanca… otros me llaman Coyolxauhqui.

Julián recordó al fin lo que había pasado aquella noche.

Halló los cuerpos colgados de sus padres al interior de la casa.
La chica que le acompañaba gritó horrorizada al ver la escena y escapó rápidamente de la casa, tropezando en el camino en el fango que rodeaba el lugar.

Julián fue tras ella, pero no halló a nadie.

Días después, tras el entierro de sus padres, Julián halló un cuerpo destazado en las cercanías de su maldito hogar.
La pobre chica había sufrido abuso masculino y su sangre había sido extraída prácticamente en su totalidad del cuerpo.
Marcas de dentadura cánida y humana quedaron plasmadas en la carne de la muchacha.

Las extremidades del cadáver apenas lograban sujetarse con ayuda de múltiples listones adornados con cascabeles.

Tal parece ser, que el padre de la chica exclamó extraños lamentos al enterarse de la noticia…

-¡¿Por qué te la llevaste?! ¡Ya te iba a pagar!

Julián supo posteriormente que el padre de aquella jovencita había hecho un pacto con la Santa Muerte, entidad que acabó cobrándose el pago que no recibió en el tiempo acordado.

Las circunstancias en que fallecieron sus padres y la misteriosa muerte de la chica con quien salió esa vez traumatizaron a Julián durante el resto de su vida…


-¡Puras patrañas! -exclamó él tras volver en sí.

Tiró las cenizas de su pipa a un costado de la Avenida López Portillo; luego se encaminó hacia su automóvil… pero quiso observar nuevamente la estatua de la Muerte.

-¿Por qué? -le preguntó al ídolo- No bastó con perder a mis padres… Tampoco puedo recordar el nombre de esa chica.

Julián dejó ir su frustración escupiendo un gargajo antes de tomar una nueva porción de tabaco para su pipa antes de retirarse.
En eso le llegó un mensaje al móvil:

Li-Tempo sigue suelto

Sobre el Maquiavelismo. Parte 1: Introducción.

Pintura de Pinturicchio. Escena en la Sala de los Santos, en los Aposentos Borgia del Palacio Apostólico.
Créditos al fotógrafo original.

¿Qué es mejor: votar a un candidato u obedecer a un monarca?
Ésta parece ser una pregunta fácil o quizás ridícula, pero no lo es en absoluto.

A lo largo de la historia, naciones enteras se han visto así mismas envueltas en encarnizadas guerras a causa del desacuerdo entre facciones que han apoyado diferentes sistemas políticos por motivos diversos, en ocasiones contradictorios.

El absolutismo europeo no vaciló en aplastar los movimientos revolucionarios que afloraron a inicios del siglo XIX, al tiempo que las guerras civiles plagaron América Latina tras el detrimento de la Era Napoleónica, la cual marcó la transición definitiva del poder, que pasó de los reyes a los magnates.

El planeta quedó entonces dividido entre las potencias industriales.
Los eventos que tomaron lugar durante el siglo del Imperialismo no sólo debilitaron a las sociedades de Asia y África, sino que intensificaron la rivalidad entre los poderes mundiales, quienes deseosos de devorar los recursos energéticos del globo acabaron declarándose la guerra a inicios del siglo pasado.

Como resultado de ambas guerras mundiales, el debate político y económico giró en torno a los sistemas implementados por la Unión Soviética y los Estados Unidos de América, siendo muchos los argumentos y los conflictos entre ambos bloques (socialista y capitalista) durante los años de 1945-1991.

Aparentemente, la disolución de la U.R.S.S. puso punto final a la riña acerca del mejor sistema político a implementar; desafortunadamente, no es así…

Las tendencias autoritarias han cobrado fuerza y popularidad alrededor del mundo, y eso no es casualidad.
El hemisferio occidental duda de la credibilidad de sus propios regímenes.

Aún cuando la gente dice estar en desacuerdo con las dictaduras, otorga cuotas cada vez mayores de poder a la clase política y, sobre todo, empresarial.

Curiosamente, esta actitud por parte de los ciudadanos no se debe a que se confíe ciegamente en las autoridades, al contrario… todos dudan de la moralidad y de la veracidad, así como de la solidez, de las instituciones.

Teniendo en cuenta este contexto histórico y político, y considerando que el terrorismo, el crimen organizado, la industria armamentista y el calentamiento global constituyen peligros para la humanidad que requieren no solamente voluntad política, sino adecuados mecanismos organizativos para dar respuesta a estas amenazas, es pertinente preguntarnos seriamente cuáles son los obstáculos que se nos presentan a la hora de organizarnos políticamente.

¿Estamos ignorando enseñanzas históricas?
… Para dar respuesta a estas inquietudes, es importante remontarnos al pasado, en concreto al Renacimiento, periodo que puso fin al Medioevo e iluminó al continente europeo, que posteriormente exportó al resto del mundo un magno legado cultural que no solamente retomó al mundo Clásico en los ámbitos artístico, humanístico, arquitectónico, filosófico y político, sino que abrió paso al progreso científico que más tarde daría solidez a las revoluciones burguesas.

Las aportaciones de la Italia renacentista fueron posibles gracias a la unión de los mecenas con los genios.
…Y para el tópico que nos concierne -la organización política de los seres humanos- destaca un genio en particular: Nicolás Maquiavelo, nombre que ha quedado grabado para la posteridad debido a las polémicas ideas y observaciones del florentino acerca de cómo se conquista, se ejerce y se conserva el Poder (ideas que en gran medida fueron fruto del contexto en que vivió el afamado diplomático, en el que no solamente hubo en Italia un auge en las artes, los descubrimientos y el pensamiento crítico, sino que además hubo un auge y un refinamiento en las artes de la intriga y de la guerra, las cuales se hallaban al servicio de condotieros, cardenales, oligarcas y príncipes extranjeros que se disputaron esferas de influencia durante las Guerras Italianas que duraron de 1494-1559 y que en buena parte perpetuaron la división de la península itálica, la cual no se unificaría sino hasta mediados del siglo XIX).

En este trabajo se expondrán las ideas centrales que Maquiavelo plasmó en sus tratados políticos –El Príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio– haciendo uso pertinente de argumentos que complementan las ideas de Nicolás en textos como Del arte de la guerra (N. Maquiavelo), El arte de la guerra (Sun Tzu), El Manual del Dictador (B. Bueno de Mesquita y A. Smith), El fin del poder (Moisés Naím) y Leviatán (T. Hobbes), principalmente [mas no exclusivamente].
El objetivo de este texto es dar claridad al lector acerca de los aspectos que caracterizan al Maquiavelismo -pensamiento que ha sido tergiversado por diferentes grupos de poder y lectores superficiales- y retomar sus enseñanzas, aportaciones y advertencias acerca del ejercicio del poder, de modo que sirva de crítica tanto a los sistemas “democráticos” como autoritarios que en la actualidad se disputan la hegemonía global, y sirva además al lector para enriquecer su vida pública y privada.

Como nota adicional, es menester considerar que Maquiavelo expone en sus tratados observaciones que no se limitan a la organización política y militar de los Estados, sino que hace señalamientos acerca de la religión, las costumbres, la Historia, entre muchos aspectos más, los cuales se irán abordando en este trabajo.

Letargo cósmico.

Caí en un profundo sueño tras recibir el disparo en mi cabeza.

Aportación de @geliumschatten


El sonido ensordecedor del arma sacudió mis tímpanos y enturbió mi percepción de la realidad a tal grado que por unos segundos pude sentir mi alma levitar.
…Nunca antes había experimentado algo semejante.

Mi rostro fue a dar contra el plato de mole verde que me sirvieron en la fonda. Los restos de mi cerebro salpicaron a los comensales mientras los fragmentos de cráneo acompañados de abundante sangre se entremezclaron con mi platillo, creando un contraste único de colores con el crudo de mis sesos y las tonalidades obscuras del guisado que no alcancé a saborear. No dudo que haya escurrido algún vestigio de saliva de mi boca tras el suceso.

Mis ojos se perdieron en la nada al cruzar la frontera que separa la vida de la muerte.

Cosa rara fue percatarme que la esencia de los seres vivos se encuentra encapsulada en una prisión de leyes físicas que difícilmente alcanzamos a comprender en su totalidad.
La muerte fue para mí el verdadero nacimiento.

¿Quién hubiera imaginado que hay vida tras la muerte y que ésta no coincide en absoluto con las descripciones que las religiones monoteístas han hecho acerca del más allá?

Todo lo que vi en los páramos de ultratumba fueron ánimas cuya memoria se desvanecía en un limbo perturbador donde habitan coloridos seres de trasmundo de aspecto fantasioso.

“¡Alebrijes, alebrijes!” exclamaban aquellas criaturas de forma cambiante y surrealista que asemejaban la apariencia de dragones, esfinges, quimeras, grifos e hipocampos; sin embargo, la mayoría de esas entidades posee una imagen tan fuera de lo común que estoy seguro nunca haberlas visto en vida antes, ni siquiera en libros de mitología antigua.
La imaginación se queda corta al tratar de comprender la magnificencia de esas bestias multicolor que Pedro Linares quiso plasmar en el imaginario colectivo mexicano.

Las tierras del inframundo son imponentes y aterradoras. Son la hibridación más sublime del cosmos con las profundidades oceánicas.

La atmósfera de ese plano, si es que se le puede llamar atmósfera, es a la vez tan densa como el abismo y tan liviana como el espacio carente de gravedad y de sonido.
Pocas cosas emiten ruido en esa dimensión astral.

“¡Alebrijes, alebrijes!” exclamaban las entidades místicas, haciendo que los cuerpos celestes danzasen en círculos de diverso diámetro en torno al centro del planeta Tierra, el cual comenzó a convulsionar delante de mis ojos, revelando su verdadera apariencia, monstruosa y abominable como sólo lo pueden ser los dioses lovecraftnianos.

“¡Huyan todos de la bestia!” gritaban desesperadas las ánimas del submundo tratando de escapar del apetito voraz del engendro que brotó del núcleo y que sorbía tal cantidad de agua primigenia que creaba vastos remolinos como los de Júpiter o Neptuno.
Nunca antes ha habido algo tan impresionante y temible como el nacimiento de ese esperpento cósmico semejante a un dragón marino de relucientes escamas de obsidiana e incontables ojos de cuarzo y dientes feroces.

¿Qué es lo que estaba aconteciendo?

Mi corazón palpitaba frenéticamente conforme observaba al monstruo expandirse en el cosmos, sumergiéndose en un océano espeso de aguas profundas extremadamente turbias.

De alguna parte aparecieron dos estrellas de incandescente luminosidad.
Una se mantenía envuelta en tinieblas, mientras que la otra iba ataviada de colorido plumaje de quetzal.

Los rayos de ambas estrellas se estiraron hasta darles a los astros apariencia humanoide.

He aquí, todas las ánimas al morir deben retornar al génesis” exclamaron ambos cuerpos al unísono con voz potente.

Entonces la estrella tenebrosa extendió una de sus piernas y la sumergió a las aguas donde habitaba el dragón colosal, el cual abrió su enorme hocico y mordió la extremidad que le fue ofrecida como carnada.
Los astros revelaron entonces su verdadero poder, y en un parpadear de ojos fulminaron al engendro con la fuerza de mil soles.

La piel, la carne y las entrañas de la bestia burbujearon y liberaron magma de su interior, y arremolinaron las aguas primigenias en torno a sí, expulsando vapores infernales y cristales cortantes de distintos espectros visuales al tiempo que el monstruo agonizante exhalaba un potente llanto de agonía.

Hágase la Tierra, al igual que el resto de los planetas que orbitan el cosmos infinito” clamaron los dioses misteriosos que vencieron a la criatura.

Y vi cómo se enfriaba la carne putrefacta de Cipactli, dando forma así al planeta Tierra.

Este proceso fue increíblemente rápido a pesar de prolongarse por más de un trillón de años.
Imposible sería presenciar la maravilla de la creación en un millón de vidas humanas.

Fui testigo de las cuatro eras que precedieron al Quinto Sol: las de Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tláloc y Chalchiuhtlicue.

La primera de las eras, la de la estrella tenebrosa, Tezcatlipoca, duró 6’760 años, en los cuales alumbró con luz obscura -como aquella que refleja la obsidiana- a la Tierra, la cual fue poblada por gigantes que rindieron culto al primer sol en formas abominables.
Y es que Cipactli permanecía agonizante pero sin morir, exigiendo sangre para saciar su sed. Y los primeros habitantes del mundo cumplían con los designios de Tezcatlipoca para adormecer a Cipactli.

No obstante, la estrella emplumada, Quetzalcóatl, cobró forma de serpiente y desafió la tiranía del primer sol.
Ambos dioses se enfrentaron en batalla encarnizada hasta que finalmente Quetzalcóatl venció a Tezcatlipoca, quien en un arrebato de ira sin igual creó jaguares gigantes que devoraron a los primeros habitantes de la Tierra, terminando así la era del Primer Sol.

El segundo sol, el de Quetzalcoátl, duró igualmente 6’760 años, en los cuales brotaron nuevos humanos, esta vez enanos, que repoblaron la Tierra y rindieron culto a la serpiente emplumada. En esta era no hubo sacrificios ni guerras.
Sin embargo, Tezcatlipoca regresó para desafiar a Quetzalcóatl. Se enfrentaron ambos dioses en batalla encarnizada hasta que Tezcatlipoca hizo volar por los aires a su rival, y a causa de ello se generaron fuertes vientos huracanados que transformaron a los enanos en monos con largas colas que les ayudaron a sostenerse fuertemente de las copas de los árboles firmes.
Así acabó la era del Segundo Sol.

“¡Basta ya!” exclamé a los cuatro vientos que ignoraron mis plegarias. Insistieron en obligarme a contemplar las calamidades que antecedieron a la humanidad que hoy conocemos.

Vi el sol de Tláloc, que alumbró el mundo por 3’640 años hasta que abrasó el planeta con lluvias de fuego y agua en su disputa divina contra el raptor de su primera esposa, Xochiquétzal.

Posteriormente presencié el ascenso de la segunda mujer de Tláloc, Chalchiuhtlicue, quien alumbró la Tierra por 3’120 años. Con ella el cielo se hizo de agua, dando vida abundante y permanente al firmamento desde el cual reinaba. Y duró así hasta el trágico final de su era, en la diosa lloró sangre y dejó caer el cielo sobre la Tierra, creando así el Diluvio que transformó a los hombres en peces.

Este es el destino de la humanidad -susurró una voz muy tenue atrás de mí- todas las eras perecen por la disputa de poder entre los dioses.

Voltee para ver a mi interlocutor. Se trataba nada menos que de Virgilio, quien escribió la Eneida y guió a Dante a través de los Infiernos y el Purgatorio.

-Pero… si somos tan insignificantes, ¿cuál es el propósito de nuestra existencia, entonces? -cuestioné- ¿Acaso es alimentar al monstruo que duerme bajo nuestros pies, pensando ingenuamente que es un cuerpo planetario inanimado?, ¿o es acaso el ser esclavos de los designios de los dioses, que ignoran nuestras súplicas y nos aplastan cuando les place? ¡Respóndeme!

Virgilio me miró con una clara sonrisa sarcástica en su rostro.

Nadie lo sabe -declaró- sólo tú puedes descubrirlo.

Y así, sin más, Virgilio se desvaneció cual fantasma en medio del vacío del universo, que paulatinamente fue poblándose de alebrijes.

Historias de carretera: 1a Parte.

Ayer iba conduciendo a 120 km/h en medio de la autopista México-Pachuca. El cielo estaba despejado y los rayos solares abrumaban la tierra con su poder abrasador. El pavimento emitía tanto calor que creaba espejismos en el horizonte.

Iba escuchando Eye in the Sky en la estéreo de mi automóvil. Con mis gafas obscuras protegía mis pupilas del destello diurno y mantenía mis ojos al frente del recorrido.

Mi objetivo era llegar cuanto antes a Pachuca para evitar algún asalto durante el recorrido y arribar a tiempo a casa de mis primos, pues había acordado pasar el fin de semana con ellos para ayudarles a cuidar a la tía Rebeca.

Casualmente vi una zapatilla carmesí de tacón alto en el carril diestro del camino. La suela lucía chiclosa, posiblemente a causa del calor.
Inmediatamente aquel objeto atrajo mi atención.

¿Cómo era posible que esa zapatilla acabase olvidada en la autopista?

Pudiera ser la pista de alguna desafortunada chica secuestrada. Lamentablemente en México es muy común oír de mujeres jóvenes a quienes desaparecen para esclavizarlas sexualmente o para desecharlas en los sitios más deprimentes del país cual si fuesen objetos desgastados, sin el menor pudor o respeto por quien alguna vez fue un ser humano con sueños y ambiciones.

Afortunada o desafortunadamente, yo desconocía la verdadera historia detrás de aquella zapatilla roja de tacón alto que acabó olvidada en la autopista, la cual era distinta a la que yo imaginaba, mas no por ello feliz o esperanzadora…

. . .

Una mujer de avanzada edad había escapado de su hogar, o mejor dicho, del hogar de su hija.

La mente de esta pobre ánima se hallaba atormentada constantemente con pesadillescos pensamientos que le hacían desconfiar de su familia.
Para ella, todo el mundo conspiraba en contra suya para arrebatarle su casa, su dinero, sus pertenencias…

Desde hacía siete años o más, ella se había ido a vivir con su hija a Pachuca. Y es que a sus 88 años ya no era capaz de caminar ágilmente sin ayuda de su bastón de aluminio.

Sus nietos y su hija le procuraban todo: alimentación, vestido, medicamentos, convivencia… sin embargo, aquello no era suficiente para esta señora de naturaleza exigente e insatisfecha.

Ella creía merecerlo todo por el simple hecho de haber parido a sus hijos; les dio la vida, después de todo. No obstante, nunca se conformaba con los cuidados que recibía. Sentía que le había sido arrebatada su independencia.

¿Quién tenía la culpa de su situación?

Definitivamente su hija, su pinche hija que le separaba de su amado hogar en Ciudad de México.
“Tú ya no puedes estar sola, ma” le decía a a cada rato.
¡Puros pretextos! La anciana no tenía pruebas, pero tampoco dudas, acerca de las verdaderas intenciones de su hija.

La mal agradecida quería quedarse con su casa en Ciudad de México, la cual había conseguido con mucho esfuerzo, sudor y lágrimas.
Pero ya se las vería esa desgraciada mantenida… pronto escaparía de su prisión y se refugiaría en su verdadero hogar.
Tomaría un taxi desde Pachuca que le llevaría hasta Tlalpan, donde al fin podría permanecer en paz.

La fuga la llevó a cabo un miércoles, cuando su hija y su yerno trabajaban, justo cuando sus nietos se hallaban ocupados en la escuela.
Ese día tomó su monedero, una maleta con ropa sucia y sus llaves. Marcó el número del taxi y partió hacia su casa, sin despedirse de nadie y sin dejar una sola nota.

La mujer se fue con un par de zapatillas rojas de tacón alto que si bien le incomodaban para caminar, le hacían sentir joven y empoderada.
Dejó su bastón de aluminio en la casa de su hija, para deshacerse así de cualquier recuerdo de su miserable dependencia.

“Nadie me tendrá encerrada aquí” pensó ella “me voy a mi casa”.

Tan absorta estuvo en sus pensamientos que ni siquiera se percató de la transmutación del firmamento que comenzó a soplar aire frío de lluvia oriental.

La mujer quiso dormir un poco y cabeceó en el asiento trasero del taxi.
Empezó a soñar cosas horrendas, como las posibles malas intenciones del conductor, quien en cualquier momento podía engañarla para robarle sus cosas.

-¡¿En dónde estoy?! ¡¿A dónde me lleva?! -gritó la mujer repentinamente, entrando en taquicardia.

-Señora, tranquilícese

-¡Bájeme de aquí, hijo de la chingada!

La anciana clamó ayuda y piedad desesperadamente. El taxista trató vanamente de calmarla, pero la mujer se puso tan impertinente que decidió que aquel escándalo le metería en problemas innecesariamente, así que frenó en seco y dejó que ella bajara del automóvil.

-¡Maldito secuestrador de mierda!

El conductor arrancó rápidamente para evitar calumnias con la policía, que bien podría patrullar en la autopista.

La mujer al fin acababa de librarse de sus conspiradores. Todos aquellos que amenazaban con robarle o encerrarle habían recibido ya su merecido.


Por fin podría estar en paz… o tal vez no.

¿Dónde está mi casa? -cuestionó ella a Dios.

La pobre mujer se hallaba sola en medio de la autopista que conecta a Ciudad de México con Pachuca. Pero ella estaba desorientada.

-¡Hija!… ¡hija! Vámonos de aquí -gritó a los cuatro vientos en busca de respuesta- ¡quiero ir a mi casa!

Aquella ánima inconforme y delirante caminó con gran esfuerzo, cruzando la autopista.

Estando casi al otro lado dio un mal paso y se torció el tobillo izquierdo.
Ella soltó un alarido de dolor.

Soltó maldiciones al cielo y en un acto de furia irracional se quitó las zapatillas y se deshizo de ellas.
Una la arrojó muy lejos, hacia fuera de la autopista… la otra la dejó votada en el carril diestro de la misma.

Finalmente, ella tomó rumbo hacia el horizonde salvaje, lejos del pavimento que le llenó sus pies de yagas.
Estaba decidida a llegar hasta la capital, sin importar los peligros del exterior que quisieran obstruir su camino.

La larga historia: (6/n) Sueño telúrico.

Aportación de @geliumschatten

Una imponente torre de acero, titanio y sólida roca obscura se alzaba hasta alcanzar las alturas del inalcanzable firmamento. La sola presencia de dicho objeto desafiaba el poder divino cual torre de Babel.
Nubes rojizas cubrían levemente la punta de dicha edificación cual si fuesen un extenso velo que se difuminaba en un cielo radiactivo no apto para la respiración.

Un extraño hedor a neumáticos quemados y combustible evaporado intoxicaba el sentido del olfato…
Sin saberlo, Axel estaba presenciando el mundo devastado en 2039.

…Desde luego, toda tragedia tiene un comienzo.



-Año 1519-

Un ser ctónico se sumergió en un profundo sueño para reconfortar los vestigios de su alma desdichada.

Recordó en aquel sueño sus travesuras y abusos de juventud, así como su extinta alegría. En concreto, vino a su mente apaciguada la experiencia de una tarde de primavera en que la lluvia congelaba la médula y el brillante sol del mediodía calentaba el alma briosa.

Los pájaros parloteaban unos con otros en las copas de los árboles y los insectos revoloteaban al son de los cánticos de la Madre Naturaleza, que en calma se encontraba.

La visión fue peculiar cual si se tratase de un encantamiento a la percepción sensorial.

Un cuarteto de féminas de indescriptible belleza se bañaban en un lago de agua cristalina, despreocupadas ellas de la posible presencia de ánimas lujuriosas, pecaminosas.
Pareciera que Baco incitara su fantástica alegría banal en aquel afrodisíaco paraíso terrenal oculto tras las puertas de Ishtar, custodiadas por dragones imponentes de escamas multicolor y sangre lapislázuli.

Seguramente no sintieron la pesada mirada del último hijo de Seth, quien heredó de su padre el anhelo por elevarse sobre dioses y mortales por igual y cuyo apetito carnal era insaciable como su propia ambición.

Aquella vez quiso descargar sus bajas pasiones violentamente, convirtiéndose en bestia para alcanzar las veloces piernas de sus escurridizas víctimas y aprovecharse así de ellas. El infame esperpento deseaba saborear frenéticamente el sexo de sus presas.

El hijo de Seth estaba ya acostumbrado a abusar de su poder sobrenatural impunemente. Nadie ponía frenos a su naturaleza criminal. Nadie se atrevía a desafiar su innata osadía; ningún humano, genio ni demonio había retado su poder, tampoco los ángeles ni los dioses…
Si nunca nadie le había detenido de hacer lo que le placía, ¿qué podrían hacer las ninfas de las aguas y de la espesura para evitar su lívido voraz, más allá de implorar vanamente ayuda a los Olímpicos?

Pero esa tarde de primavera fue diferente.
Esa tarde de primavera, los cerezos y las jacarandas pigmentaban el Edén, y una presencia impidió el actuar malvado de este infame rufián.

… Sí, todavía recordaba bien la imagen de aquella criatura que le detuvo.

Era deslumbrante como el fuego sin humo y su calor abrasaba las almas impuras.

El plumaje centelleante de Bennu cegó al engendro del caos, quien supo desde entonces el verdadero poderío de su futuro rival.