Where are the muses?

The muses have gone away. I feel empty, without ideas, without any feeling nor sensation. Maybe it’s because I have already gone from Earth, maybe I’m dead, maybe not in the literal way, but in the metaphorical one.

Where are the muses? Where are the angels and the providence? I don’t know.

What if they have never existed in first place? That could make sense, but I refuse to accept that possibility. I prefer to cheat myself in order to keep this lie alive, maybe by doing that, I will find the wonders inside my mind, inside my heart.

I’m pretty sure you don’t understand what I’m saying, but I don’t care.
I just want to recoverd my love to fantasy.

Maybe what I need is to expose myself into the extreme, maybe I need to surpass my owm limits.

Or maybe, I need to carry out a sacrifice, instead of flogging a dead horse.
I don’t know.

What can I do if I cannot feel joy nor love or fear anymore? When humans lost their passions and their emotions, they cannot imagine anymore.

When people lost their faith, it becomes harder for them to believe again.

Maybe all my doubts started when my spirit discovered that all those hopes were just delusions.

What can I do right now? I cannot stay in the same place, in the same limbo.

When people stop making decitions, when they stop acting, the world becomes darker and mirthless.

Is everything already written? I don’t know, but I prefer to believe in Machiavelli’s words: just the half of our lifes belongs to Fate, the other half belongs to our free will.

Maybe I just need to close my eyes and explore the kingdoom of dreams. Maybe I can find there my worst nightmares or my lovely memories and dessires. Who knows?

No one can assure you what will happen when you finally take the courage to give the first step, but everyone can assure you what will happen if you stop.

The only way to achieve our goals is by taking action.

You have to accept the consecuences, of course; that’s part of the rules. ‘Cause no one can play this game called “life” without rules, they were written by the universe itself before we borned, and the main rule is that everything has a price, every act implies a consecuence that we must assume.

As soon as you understand his truth, you’ll be ready to fly among the gods.

Cadena ritual.

El reloj estaba a punto de marcar la medianoche. El cielo lucía más limpio debido a la luna nueva, sin embargo, acababa de diluviar hacía unos instantes; como resultado de la tormenta, así como de la basura acumulada en ese tramo del camino, las alcantarillas se bloquearon y el nivel del agua subió, de modo que mi vehículo quedó atascado en un enorme charco de aguas turbias que más bien parecía una pestilente lagunilla. Por si eso no fuese suficiente, el lugar en que me hallaba carecía de alumbrado decente.

Por más que intenté hacer reaccionar el motor, las ruedas ya no respondieron. ¿Qué debía hacer? A menos que se presentara un milagro que se pasara por el orto las leyes de la física, no había manera alguna de que alcanzara a llegar al templo antes de que el minutero indicara la hora límite.

“¡Iré a pie!” pensé ingenuamente, cegada por mi frustración. Tomé entonces a la pequeña criatura que llevaba en el asiento de atrás y después abrí la puerta. Tan pronto como lo hice, entraron las aguas negras. Con mucho esfuerzo di primero un paso, luego otro… el agua hedionda me cubrió hasta las rodillas. Lo único que tenía en mente era llegar cuanto antes al templo.

¡Qué estúpida fui! No debí realizar aquel ritual, supuestamente de abundancia, ni invocar a esos espíritus que ahora me exigen un sacrificio para compensar la ruptura de la cadena.

Mi colega Amelia fue quien, al ver que mis deudas me estaban volviendo loca, junto con la mala salud de mi bebé, me sugirió llevar a cabo un ritual de invocación a los “espíritus de la abundancia”. Dicho ritual era muy sencillo, en realidad, pues sólo había que llenar una cornucopia con una mezcla de vino, carne y leche, junto con tres gotas de mi sangre, la cual había que ofrecer como cena a los espíritus, los cuales había que invitar a pasar a la casa, dejándoles la puerta abierta al dar la medianoche. Había que colocar cinco velas blancas alrededor de la ofrenda, formando un pentagrama, no sin antes apagar todas las luces de la casa y llamarles en voz alta, clamándoles “venid conmigo y brindemos en nombre del gran príncipe”. Este procedimiento debía repetirse durante siete días y, posteriormente, había que despedir a los espíritus rompiendo una copa de vino con un poco de sangre a la entrada de la casa e invitar a una persona a continuar con este ritual, a modo de cadena.

Seguí las instrucciones al pie de la letra… sin embargo, todas las personas a quienes les conté de esta cadena, me dijeron lo mismo: “Eso suena a que no es de Dios”.

“¡Al diablo con ellos!” pensé para mis adentros, al fin y al cabo, al día siguiente de haber completado la semana ritual, mis deudas fueron desapareciendo como por arte de magia, y la salud de mi hijo mejoró abruptamente. Mis ventas incrementaron drásticamente, como si estuviese ofreciendo pan caliente a medio mundo; una persona tras otra llegaba conmigo y, sin siquiera intentar regatear mis ofertas, me pagaban al contado todo cuanto les mostraba. ¡Era un milagro!

Pasaron los días, luego las semanas… transcurrieron seis meses y llegó, finalmente, la luna llena del Samhain, cuando los seres del Más Allá logran interactuar con nosotros. Esa noche tuve una horrenda pesadilla, en la cual me rodeaban unos espíritus de luz cuyos ojos tan sólo emanaban rabia indescriptible.

-La cadena se ha roto –me reclamaron con voz monstruosa mientras lamían mi cuello y arañaban mi entrepierna con perversa crueldad- A falta de sangre nueva, pagarás tú…

Con fuerza sobrehumana e inmenso odio me sacudieron y me envolvieron en densas tinieblas que me estremecieron y me quebraron el alma. Sentí innumerables laceraciones en todo mi cuerpo, así como tactos infames e invasivos dentro de mi ser. Oí escalofriantes alaridos de dolor y de agonía, así como risas y aullidos perversos como procedentes del Hades… El solo hecho de acordarme me hace temblar de pavor. No soy capaz de transmitir fielmente el terror que sentí aquella vez. Sólo puedo decir que es una experiencia que no le deseo a nadie, absolutamente a nadie.

Desperté con la respiración agitada. Y para mi horror, vi que mi propia casa estaba invadida por sombras perversas que se relamían sus presuntos hocicos al ver mis piernas cubiertas de úlceras y pus. Comprendí entonces que aquella no había sido una pesadilla, sino una advertencia real proveniente del inframundo. Aquellas entidades que invoque no eran espíritus de abundancia, sino algo completamente espeluznante: demonios.

“¡Ven al templo la noche de luna nueva!” decía un mensaje en el techo de mi habitación, escrito con sangre seca. “Ven a la medianoche y ofrécenos un sacrificio, si no quieres que te llevemos”.

Una dirección estaba marcada en todas las paredes de la casa, alguien o algo había usado algún objeto corto-punzante para plasmar esos rayones.

Tomé a mi bebé y salí huyendo de mi casa. Abordé el auto y conduje para alejarme de mi hogar ultrajado; no quise saber nada de esos demonios. No obstante, las horrendas visiones y sensaciones permanecían incrustadas en mi mente. No podía ignorar las advertencias ni las dantescas visiones que tuve esa vez.

¿Qué debía hacer?… ¿Huir o encarar a esos demonios en el templo?

La respuesta debería ser muy obvia. Lo pertinente era acudir con alguien, tal vez un predicador o un creyente, y rogarle que me ayudase a escapar de estas bestias. No obstante, un pensamiento intenso se apoderó de mí, una idea tan intensa y tan irracional que sólo puede ser explicada como un pensamiento inducido por entes demoniacas: quise acudir al templo en la hora y en la noche acordada.

… Y heme allí, conduje de noche hacia esa dirección, donde se hallaba el supuesto templo demoniaco, dispuesta a sacrificar a una pequeña criatura -la cual sedé para que no hiciera ruido durante el trayecto- con tal de librarme de los enviados del maligno.

De alguna manera que todavía no alcanzo a concebir, conseguí llegar a tiempo al dichoso templo, el cual era un sitio abandonado y deplorable, muy oscuro y aterrador a simple vista, sin mencionar que el aire era denso en ese lugar y hacía un frío polar.

Justo en el suelo, en el centro de aquellas ruinas, vi el dibujo de un pentagrama, en torno al cual se hallaban las mismas sombras que vi en mi pesadilla. Su aspecto era infame, pero sus voces eran afables y cálidas.

-Deposita aquí tu ofrenda de liberación.

Mis piernas temblaron y las lágrimas escurrieron por mi rostro; sin embargo, endurecí mi corazón y deposité en el centro a la criatura que llevaba en conmigo…

Desde aquella noche, no he vuelto a tener pesadillas ni tormentos, aunque la abundancia que alguna vez me favoreció se desvaneció rápidamente; pero aquello no me importa en lo absoluto. Lo único que extraño es tener a mi bebé en mis brazos.

Herido de muerte (1/2).

Araucaria en noche estrellada.
Créditos al fotógrafo original.

El zorro corrió desesperadamente hacia el corazón de la espesura, donde la luz apenas lograba rozar las hojas que yacían sobre el suelo muerto, gélido. Corrió sin preocuparse del rastro de sangre que dejaba tras de sí, corrió tratando de no pensar en el dolor que sentía en el costado izquierdo, donde las imponentes garras de la magnífica rapaz de plumaje flameante acababan de herirle hacía un par de minutos.

El dolor era tan intenso y tan penetrante que él creyó que desfallecería en cualquier momento. Aún así, el zorro logró contener sus alaridos durante su huida; el pequeño animal sabía que no convenía atraer las miradas del bosque con sus agudos chillidos de dolor, pues sólo conseguiría atraer a más depredadores, los cuales siempre están a la espera de una presa fácil para alimentarse haciendo el menor esfuerzo.

Debía hallar un refugio cuanto antes donde poder recuperarse, preferiblemente en un escondite que le mantuviese alejado de cualquier cazador y que le proporcionase acceso a alguna fuente de agua. Pero lugares así sólo pueden encontrarse en el bosque montano.

¡¿Por qué había sido tan ingenuo aquel zorro?! El curioso animal se dejó cautivar por el plumaje incandescente del ave, cuyos colores alternaban diferentes tonalidades de azul, rosa y rojo de manera semejante al fuego; se dejó cautivar sin percatarse de que el pájaro poseía también temibles espolones curvos como cimitarras y un amenazador pico en forma de garfio.

Al zorrito ya se le había advertido que debía mantenerse alejado de animales más grandes que él. Quizá no habría sido tan imprudente si hubiera visto cómo el ave capturaba a sus propias presas…
En cualquier caso, el zorro había logrado escapar de una muerte segura -cosa contraria ocurre con los gatos cuando les gana la curiosidad-.

El zorro avistó un refugio idóneo y allí fue donde se ocultó. El sitio poseía tres accesos muy estrechos que daban hasta una enorme madriguera bajo las raíces de un robusto pehuén, cuyos piñones caían no muy lejos de la guarida. Por si fuera poco, los accesos estaban diseñados de tal forma que imposibilitaban que se inundase el interior en tiempos de lluvia. Nadie podría hacerle daño allí.

El zorro se cubrió con su esponjosa cola el costado herido y trató de permanecer bien abrigado. Sin embargo, todavía sentía dolores punzantes cerca de su corazón; la carne de su costado seguía sangrando. Era el fin del zorro.

“Maldita sea” pensó, sabiéndose condenado. El pequeño animal murmuró plegarias a la diosa lunar para que ésta le concediera al menos una agonía apacible e indolora.

El joven zorro estaba herido de muerte; la Madre Tierra había decidido que no viviría lo suficiente para desarrollar la legendaria astucia por la cual su raza era bien conocida. Haría falta un milagro para salvarse.

… La temperatura descendió drásticamente al caer la noche. El zorro cayó en un letargo profundo y fue así que su alma ascendió al lugar donde se interceptan el reino de los sueños y el mundo de los muertos.

-¿Dónde estoy? -preguntó el zorro al ver delante de sí una magnífica ciudad cuyas edificaciones estaban hechas con los astros que han caído al inframundo.

A los pocos segundos le pareció ver una estrella descender desde el punto más distante del cielo nocturno. Su brillo cegador iba aproximándose hacia él emanando un aura cálida igual a la del fuego doméstico o al del abrazo acogedor de una madre.
La estrella se fue aproximando hasta colocarse frente al zorro y sólo entonces reveló su verdadera forma…